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¡Saludos de nuevo! Somos Laura y Semi y quizá nos recuerdes de anteriores aventuras como “Nuestro viaje a Asturias”. Pues bien, hoy estamos aquí para contaros un poco de nuestra última escapada, esta vez por tierras riojanas y alrededores.

Hay muchas maneras de empezar a planificar un viaje. Puede ser que siempre hayas soñado con ir a un lugar y te hayas pasado toda tu vida planeándolo. Puede ser que un amigo haya ido y hayas flipado tanto con las fotos que te decidas a ir tu también. O quizá has visto un reportaje por la tele y te ha picado el gusanillo… Pues bien, en nuestro caso este viaje empezó a gestarse una tarde de Julio en la librería París-Valencia.

—”¡Vaya! ¡Están de oferta las guías de La Rioja! ¿La compramos por si acaso?” —. Al llegar a casa, el “por si acaso” ya se había convertido en “vamos a mirar precios de hoteles”, y tres semanas más tarde poníamos rumbo a Logroño.

Salimos el viernes por la mañana en nuestro pequeño cochecito y algo menos de cinco horas después aparcábamos en la capital riojana. Logroño es una ciudad pequeña, acogedora y agradable, parecida en ambiente y arquitectura a Oviedo. No destaca por tener una gran cantidad de monumentos ni por ser estos muy espectaculares. No, Logroño tiene el encanto de pasear por sus calles porticadas, de sentarte a degustar un buen vino, o de disfrutar de su estupenda zona de tapas.

CONSEJO: Es imperdonable estar en Logroño y no tapear en la calle Laurel. Personalmente recomiendo las tapas de champiñones de Soriano y  prácticamente cualquiera de las que sirven en Torrecilla. BRU-TAL.

Los mejores champiñones de la Rioja

El sábado salimos temprano y recorrimos los poco más de cien kilómetros que separan Logroño de Burgos. Nuestra primera parada: El monasterio de las huelgas. La visita al monasterio se realiza obligatoriamente con guía (sí, intenté decir que prefería por mi cuenta) y tiene un precio bastante asequible. Es un lugar realmente interesante para quién guste de un poco de historia y para quién simplemente disfrute con el arte y la arquitectura de antaño. La guía hace que el recorrido sea bastante ameno y la verdad es que merece bastante la pena.

Al salir, nos fuimos directamente a lo más emblemático de la ciudad, su catedral. Llamadme raro, pero siendo ateo, me encantan las catedrales. Incluso soy de los pocos que no se duermen con las audioguías que van explicando, palmo a palmo, todo el inmenso edificio. De la catedral, poco que decir más allá de que no defrauda en absoluto y de que probablemente os rompáis un par de vértebras para ver al “Papamoscas”.

Cómo es poco probable que todo salga bien en un viaje, nuestro último objetivo en Burgos, la cartuja de Miraflores, estaba cerrada cuando nos acercamos a visitarla (está algo alejada de la ciudad, imprescindible coche) y faltaba una hora de espera a pleno sol para poder entrar. Como ya llevábamos todo el día sudando la gota gorda decidimos hacernos unas fotos por fuera y volvernos a Logroño.

Semi en Burgos

Y nos plantamos en el domingo. Día para hacer una visita relámpago a tierras navarras. Desde que vi un reportaje que se titulaba algo así como “Los 25 pueblos más bonitos de España” un nombre rondaba mi cabeza, Olite. Y allá nos fuimos.

Olite es un pueblo tan pequeño que cabe dentro de un castillo, y donde se respira aire medieval en cada esquina. Durante nuestra visita estaba en plena fiesta de la vendimia, y se notaba. Salvo los trabajadores que limpiaban las calles, el pueblo estaba de resaca, y sus calles se encontraban desiertas. Osea que suerte tremenda para pasear sin que nadie se meta en el encuadre de las fotos. El castillo en sí (o Palacio Real de Olite, para ser correctos) es una auténtica pasada. Está increíblemente bien conservado y permiten a los visitantes corretear por casi todos sus recovecos. Mola mucho, pero también os advierto: os vais a hartar de subir escaleras de caracol…

BRICONSEJO: Id a visitar el castillo lo más temprano posible, ya que a media mañana empiezan a llegar
hordas de autobuses turísticos y el sitio se llena tanto que pierde parte de su encanto.

Castillo de Olite

A sólo media horita de Olite encontramos Pamplona, la capital navarra. Evidentemente si hay algo que nos viene a la cabeza al escuchar Pamplona son los encierros de San Fermín, y puede parecer que para disfrutar de la ciudad es necesario ser amante del mundo taurino. Para nada. Nunca nos han gustado los toros y disfrutamos como enanos recorriendo las calles pamplonicas más emblemáticas, tomando algo en la preciosa plaza de Navarra (concretamente una horchata, con un par…) o simplemente disfrutando de algunos de sus rincones que rezuman historia. Pamplona es una ciudad para dejarse llevar y perderse en su ambiente, sin pensar demasiado.

pamplona

IMPRESCINDIBLE PARA BIBLIÓFILOS:

  • Junto la plaza de toros hay una estatua de Ernest Hemingway que preside el paseo dedicado a este grande de la literatura, pero si queréis ver un verdadero homenaje no dejéis de ir al Café Iruna, donde además de una decoración propia de los años 20 podréis disfrutar de otra estatua mucho más digna y de una estupenda colección de fotos.

Hemingway

El lunes nuestro viaje llegó a su fin. Salimos pronto de Logroño rumbo a Valencia donde una vez más volveríamos a la rutina y a pensar en cual será nuestra próxima aventura.

 

2 comentarios en “[Laura & Semi] #Esta vez toca La Rioja

  • Sergio Gutiérrez6 noviembre, 2016 at 8:21 pm

    Que sepas que escribiste el post de Asturias y me entraron tantas ganas de conocerla que fui inmediatamente y grabé mi experiencia.

    Ahora has conseguido que me enganche y me llame la atención ir a la Rioja.

    Por lo tanto, grandísimo post.

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