—”¿Estás loco? ¿que se te ha perdido allí? ¿a casa de unos desconocidos? ¿gratis? querrán algo a cambio seguro. ¿Y si te secuestran? Que peligroso.”— Allí estaba yo, en un coche alquilado, conduciendo por las inmensas autovías de Alemania de camino a un lugar llamado Schrozberg y recordando todas estas inquietantes frases que me regalaron mis familiares días antes de coger el avión (que majos ¿eh?). En aquel perdido pueblo de Alemania, de nombre casi impronunciable para mí, me esperaban una pareja en su casa, en su hogar, para acogerme durante unos días mientras buscaba la auténtica navidad europea.

Aún me quedaban dos horas y media de viaje, acababa prácticamente de aterrizar y no paraba de hacerme preguntas buscando respuestas que me convencieran de que estaba haciendo lo correcto, respuestas que por supuesto, en aquel momento no llegaban. “¿Que hago aquí tan lejos de casa?” “¿y si todo lo que me han dicho mis familiares es cierto?” “¿que voy a hacer cuando vea a la pareja?” “¿que les voy a decir si casi no sé hablar inglés?” “madre mía, que mal he hecho en venir”.

Una leve sensación de ansiedad recorría todo mi cuerpo a cada kilómetro que pasaba, llegaba a mi mente y se asentaba allí cómodamente inundando mis pensamientos con posibles situaciones extremas y peligrosas. Ahora cada vez que pienso en como me sentía en aquel entonces, sonrío con ternura, ya que al ser mi primera vez viajando solo y además durmiendo en casa de unos desconocidos, todas esas inquietudes eran de lo más normales.

 

Había llegado a mi destino

—”Ha llegado a su destino, está a su derecha”. — La amable señorita del GPS me estaba insistiendo, como si no la hubiera oído la primera vez, a apagar el motor y bajar del coche. Pero no lo hice. Apagué las luces y me quedé unos minutos en silencio observando la casa con las manos puestas en el volante y aparcado frente a la puerta. Lo que tenía ante mí era una simple finca de dos alturas, en la que tenías que subir unos cinco escalones para llegar a la puerta principal. Pude observar, desde la “seguridad” de mi coche, que había luz dentro de la casa.

Por lo visto ellos estaban observándome a mí también pues pese a que las cortinas estaban echadas, vislumbraba dos siluetas hablando entre ellas y acercándose lentamente a la ventana. No había caído en ese momento que al ser el único coche que llegaba a esas horas, a ese pueblo, a esa pequeña calle, llamé bastante la atención. 

—”Ha llegado a su destino, está a su derecha”. — Casi tiro el GPS por la ventanilla.

 

Rothenburg

 

La puerta se abrió y un chico alto, castaño, me sonreía desde el umbral mientras yo descargaba la maleta y la mochila. 

  —¿Serchio?. 

  — ¡Yeah! it’s me but, you are not Petra…¿right?. — Thomas se reía mientras contestaba “no no, I’m not Petra”. Esa fué la vez que supe que él y yo nos íbamos a llevar muy bien. 

Me ayudó a cargar la maleta y una vez dentro nos dimos un buen apretón de manos al ritmo de “nice to meet you”. Por las escaleras apareció, esta vez sí, Petra, la chica con la que había estado hablado durante el mes anterior a través de la web de Couchsurfing. “Hi Serchio, nice to meet you”. Dos besos en la mejilla y de repente una sensación muy extraña nos invadió a los tres. Yo, un completo desconocido, plantado ahí de pie, en el recibidor de su casa, su hogar, con mi equipaje junto a mí y ellos de pie sonriendo con un poco de nerviosismo, observándome detenidamente sin saber muy bien como actuar o cual era el siguiente paso. Thomas y Petra estrenaban también la experiencia Couchsurfing y debía de ser complicado que la primera vez sea siendo “host” (anfitrión). 

¿No sabes lo que es el Couchsurfing?

Para más detalles técnicos de como usar esta maravillosa web social podéis visitar otro tipos de blogs que lo explican mucho mejor que yo. Por ejemplo os recomiendo este post de la genial Aniko Villalba. A mí, en esta ocasión, me apetecía contaros que fue lo que sentí en mi primera vez. 

 

Alemania

 

—¿Do you want a beer?. — Al fin la palabras mágicas rompieron el hielo. Brindando “por la nueva experiencia” y pegando el primer trago ya todo parecía ir mucho más fluido. Me hicieron el tour oficial por la casa, como no. Yo en ese momento estaba como en una nube, no me podía creer la inmensa hospitalidad de esta pareja. La casa en sí ya era increíble, constaba de dos plantas y en la primera, o planta baja, era donde yo me alojaba. Mi habitación era su despacho, donde tenían instrumentos de música, ordenadores, estanterías repletas de libros, y en medio de todo esto, un sofá-cama enorme y muy cómodo.

No os vayáis a pensar que el despacho era pequeño, para nada, era mucho más grande que mi propio dormitorio en Valencia. También tenía un cuarto de baño exclusivo en esa planta donde me habían preparado unas toallas limpias, geles, champús, pasta de dientes, etc. Hasta me dieron zapatillas de ir por casa de usar y tirar. Me encontraba mejor que en un hotel, os lo puedo asegurar, y gratis.

 

Desayuno

Con su delicioso aroma impregnando la cocina, la sopa de calabaza que Petra estaba preparando auguraba una cena muy reconfortante. Las temperaturas habían bajado mucho fuera, aunque nosotros ni lo notábamos al estar resguardados por la calefacción de la casa. Nos encontrábamos en nuestro nuevo escenario, la cocina, donde no me dejaron hacer absolutamente nada aunque yo insistiera en varias ocasiones y, por si fuera poco, Thomas se aseguraba de que siempre tuviera una cerveza en la mano.

No faltaron los temas de conversación de rigor “¿Que tal tu trayecto hasta aquí?” “¿En qué trabajas?” “¿Cómo es Valencia?” “¿Has viajado mucho?” “¿Cual es tu estilo de música favorito?” “¿Te gusta el cine?” “¿Las series?” “¡Oh yeah! Game of Thrones it’s amazing”. 

Para poneros un poco en situación quiero que sepáis que mi inglés es básico nivel Tarzán:

  • A mi gustar comida.
  • ¿Dónde baño?.
  • Yo querer dormir.

Y demás lindezas varias.

Ellos no hablaban nada de castellano (bueno, algunas pocas frases y palabras sueltas sacadas de canciones top españolas que aún, a día de hoy, me pregunto como han podido llegar hasta Alemania y lo peor de todo, hacerse tan populares), sin embargo su inglés era apabullantemente perfecto por lo que nuestra comunicación fluía gracias a una combinación entre mi Tarzaniano, su inglés nivel Oxford y sonrisas, muchas sonrisas.

He de añadir que aunque mi nivel era mediocre, al estar comunicándome únicamente en inglés, mi oído acababa acostumbrándose a una velocidad atroz. La prueba definitiva fue días más tarde cuando me invitaron a cenar con unos amigos suyos alemanes que querían conocerme. No sé como lo hice (ni cuantas cervezas me tomé para eliminar la vergüenza) pero estuvimos debatiendo durante horas sobre la situación política mundial, y creedme, nos entendimos a la perfección. Ni escuelas, ni academias “saca-cuartos”, ni profesores particulares, la fórmula mágica para aprender un idioma definitivamente es vivir en el extranjero. Os aseguro que en cuestión de meses acabaréis teniendo un buen nivel del idioma local, al menos el suficiente para sobrevivir. 

 

Rothenburg

Como mi idea inicial del viaje era visitar Rothenburg ob der Tauber que estaba a tan sólo unos pocos kilómetros de allí, me dejaron las llaves de su casa para que me levantara tranquilamente al día siguiente mientras ellos se iban a trabajar y volviera cuando yo quisiera. Tenía total libertad. Me duché, me tomé un buen café y me fuí directo a disfrutar de la navidad alemana. Pasé el día entero en aquel pueblecito sacado de un auténtico cuento navideño, grabando para el canal de Youtube, haciendo miles de fotos, comiendo diferentes tipos de salchichas en los mercados navideños donde habían coros de niños cantando villancicos.

Todo era especial, hacía frío pero eso añadía un valioso extra porque se respiraba ambiente navideño por todas partes, me enamoró. ¿Habéis estado en una auténtica juguetería artesanal navideña? Yo nunca.

Cuando anocheció, ya no tenía mucho más que hacer, Rothenburg no da para tanto y aún me quedaban varios días en Alemania antes de volver a casa. 

En busca de la navidad

El Couchsurfing no solo sirve para dejar a desconocidos dormir en tu casa y adiós muy buenas, sirve también para conectar a las personas de diferentes partes del mundo con los mismos gustos y el mismo espíritu aventurero. Se logra crear una comunidad de gente muy afín a ti donde además de compartir una parte tan íntima de sus vidas como es el hogar, pueden hacerte de guía por sus ciudades o quedar simplemente para tomar un café y hacer intercambio cultural. En cuanto llegué de nuevo a la casa me dí cuenta de que Petra y Thomas estaban a punto de regalarme todo el “pack” Couchsurfing al completo.

Estuvimos hablando durante horas sobre mi pequeña excursión, fuimos al mercado navideño del pueblo a beber rico y caliente Glühwein, volvimos de nuevo a la casa, jugamos a las cartas, tocamos música, seguimos charlamos durante horas y horas entre más cervezas, risas y un cóctel al que Thomas bautizó como “The Tommy”. Fui a Alemania buscando el auténtico espíritu navideño y gracias a Petra y Thomas encontré mucho más que eso, me hacían sentir en todo momento que formaba parte de su pequeña familia, estaba muy feliz.

Cuando me preguntaron por mis planes para el resto de días que me quedaban les dije la verdad, que no tenía nada planeado y que estaba improvisando. Los dos se miraron sonriendo y me comentaron que una amiga suya celebraba una cena al día siguiente con más amigos en su casa y que yo estaba invitado si quería. Yo, “Serchio”, el desconocido español que se había colado durante unos días en su vida privada. Por supuesto dije que sí con una enorme sonrisa.

El grupo de amigos sabían de mi existencia desde que chateaba semanas atrás con Petra y tenían mucha curiosidad por conocerme (para ellos también era algo nuevo que hubiera gente haciendo Couchsurfing por ahí). 

No voy a extenderme mucho hablando de aquella cena rodeado de alemanes y hablando sobre conflictos internacionales, solamente os destacaré que es algo que no podré olvidar fácilmente, sobre todo por la amabilidad y el calor que me brindaron todos en aquel país supuestamente tan “frío”. Pendientes de mí en todo momento y haciéndome sentir muy cómodo ya que muchos mantenían el inglés adrede para que yo pudiera participar en todo momento. 

 

Couchsurfing

 

Me levanté la última mañana triste. Notaba que había pasado todo demasiado rápido y ahora que empezaba a disfrutar de la experiencia me tocaba volver a España. Nos habíamos quedado a dormir en casa de la amiga y ya me había despedido de todos antes de irnos a dormir. Cuando me levantara estarían todos durmiendo y no quería molestar a nadie. Quería irme como había llegado, en silencio, con respeto, tímido, pero muy feliz.

Mientras me arreglaba y me tomaba un café, de repente oí pasos en el piso de arriba, “ups, ¿habré hecho mucho ruido?”. Por las escaleras bajó Thomas que se había puesto la alarma única y exclusivamente para despedirse de mí. Nos dimos un fuerte abrazo, lejos quedaba aquel apretón de manos tan formal del primer día. 

Me marché no sin antes dejarles una postal de Valencia (que compré en Manises a la ida) en su casa a modo sorpresa, agradeciéndoles de todo corazón su inmensa hospitalidad y por supuesto diciéndoles que podían visitarme siempre que quisieran a España. Les dejé muy claro que mi casa siempre será su casa.

Admirando el mar de nubes por la ventanilla del avión, mi corazón latía fuerte ingiriendo un cúmulo de sentimientos positivos. Acababa de experimentar mi primer viaje en solitario, mi primer couchsurfing…acababa de vivir MI PRIMERA VEZ.

 

El viaje que cambió mi vida

Para los que no me conocéis aún del todo quería contaros que esta aventura, en las navidades del 2015, sin duda marcó un antes y un después en mi vida. Jamás pensé en aquel entonces que sería capaz de romper con la rutina que ataba mis días y vivir este tipo de experiencias tan enriquecedoras.

Me fui con la maleta llena de problemas personales y cuando volví a casa se convirtieron en cosas tan insignificantes que desaparecieron. Me reforcé mentalmente y me dí cuenta de que el mundo está lleno de personas maravillosas a las que conocer, personas que en tan poco tiempo pueden llenarte mucho más que otras que conoces de toda la vida.

Aquel nuevo Sergio que bajó del avión con la maleta vacía, decidió que tenía que cambiar su vida radicalmente, su mentalidad, su manera de ser y quiso bautizar este nuevo concepto de encontrarse con uno mismo y vivir nuevas experiencias personales y enriquecedoras con el término “salir a perseguir el viento”.

El resto de lo que pasó después, los que me seguís en las redes sociales sobre todo, más o menos ya lo sabéis. El viento me llamaba (y me sigue llamando) cada vez más, empecé a vivir nuevas aventuras con las que siempre había soñado. Me convertí en una persona más valiente a la hora de tomar decisiones y dispuesta a conocer gente nueva, a mucha. LLegaron más países que explorar y más historias que coleccionar.

Ahora sigo viajando con gente que apenas conozco y cada día que pasa adoro más aquella decisión que tomé al bajarme del avión, la de recorrer este nuevo camino. Gracias a eso, he descubierto que, sin duda alguna, quiero pasar el resto de mi vida “persiguiendo el viento”.

POSDATA:

En este vídeo que hice durante el viaje, cuento un poco más sobre esta experiencia. Podéis ver la casa, Rothenburg y a Thomas y Petra que os dan también su opinión.

Perdonad la chapa que suelto durante 12 minutos con pésimo audio pero es que por aquel entonces acababa de empezar con esto de los vídeos. Jeje.

 

4 comentarios en “Mi primera vez (Couchsurfing)

  • Astrid Bernier14 septiembre, 2016 at 11:54 pm

    Me encanto demasiado, excelente post ahora entendí mejor lo del Couchsurfing gracias al blog que publicaste la chica lo explica excelente.

    WOOW tu ame esta publicación en verdad muy buena moraleja, ya sabes cuando decidas perseguir el viento hasta el Caribe en mi isla República Dominicana tienes hospedaje Sergio.

    Excelente
    Saludos.

    • Sergio Gutiérrez15 septiembre, 2016 at 6:59 am

      Muchísimas gracias, de verdad 😀

      Quería contar que debido a la hospitalidad y la amabilidad de la gente que hace Couchsurfing no solo hacen feliz al viajero si no que hasta pueden cambiar completamente sus vidas como me pasó a mí.

      Gracias por seguirme! es un placer leer tus comentarios 🙂

  • Olivervj7928 octubre, 2017 at 10:55 pm

    Acabo de descubrir tus página, blog, instagram y la verdad es que me tiene algo enganchado. Este de las navidades en Alemania es una pasada.
    Seguiré atento a tus vídeos y tus viajes.

    P.d.- Suelo ir bastante por Valencia, ya que tengo familia allí. Igual la próxima vez podríamos echar unas cerves y charlar un rato. Si no te parece mal claro…

    Un saludo Sergio.

    Óliver.

    • Sergio Gutiérrez2 noviembre, 2017 at 8:33 pm

      Hola Oliver disculpa la tardanza en aprobar el comentario! que con el reciente viaje a Marruecos y demás se me había pasado!.

      Muchísimas gracias por tu mensaje y claro! cuando vengas por Valencia escríbeme y si puedo tomamos una cervecita.

      Un abrazo!

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