¡Hola de nuevo! Soy Christina [madebyCh] y colaboré el mes pasado en el blog de Sergio con el post “Aventura mochilera por Tailandia”. Hoy vengo a compartir otra aventura mochilera aunque diferente: solitaria, independiente, desafiante y sagrada. Os hablo de la “aventura” del Camino de Santiago. En concreto, de lo que yo he vivido estos 8 días recorriendo a pie desde Irún a Bilbao por el Camino del Norte (o de la Costa). No hablo de las etapas ni de los kilómetros realizados. Para eso, hay cientos de guías muy útiles (la mía, la de Eroski).

Hablo de sensaciones, consejos, anécdotas. Con el deseo de compartir experiencias, de agradecer a la vida, y de aprender de otros (y futuros) peregrinos. Así que si coincides en deseos, te invito a perseguir el viento…por el País Vasco. A ésta, invito yo.

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Ya sentada en el tren que me llevaría de Barcelona a Irún, apagué el audio de esas vocecitas tan familiares de mi cabeza “¿Por qué?” “¿Para qué?” “¿Qué necesidad tienes?” “No vas a poder” “Te vas a cansar” “Buff…¿al País Vasco? ¿Qué se te ha perdido allí?”. Me agarré con fuerza a los reposa brazos de mi asiento, supongo que como reacción automática de que en realidad no quería estar en otro lugar. Respiré. “Tranquila” empezó a sonar la otra vocecita. El tren empezó a moverse y después de los primeros kilómetros recorridos, abrí mi libreta de viajes y empecé a apuntar. No tenía con quién compartir lo que me estaba pasando por mi loca cabeza (desinstalé la noche anterior las aplicaciones whatsapp e Instagram, y además el hombre que tenía a mi lado, estaba absorto transcribiendo en su ordenador lenguaje indescifrable sobre bioquímica y procesos moleculares. No le iba a interrumpir sobre mis inquietudes terrenales!). La primera palabra que escribí fue nervios y la segunda, miedo. Me refiero al miedo psicológico. Al que nos frena a tomar decisiones en nuestras vidas y nos deja empotrados en el sillón de nuestras casas delante del televisor.

Y, si hay una cosa en común que he sentido en los tres Caminos, justamente es lo que apunté en esa primera página de ésta nueva aventura. Nervios, miedo, y un tercer ingrediente, excitación. Ese estímulo y entusiasmo que te corre por las venas por lo desconocido. Este combinado es mi pauta para seguir saliendo por la puerta de mi casa, caminar hasta que me duelan los pies, y subir a ése tren tantas veces como pueda.

Aquí van las curiosidades/notas que he ido recogiendo a lo largo de mis días vividos en mi Camino por Euskadi (también incluyo los dos días que me quedé en Bilbao ya como “turista”):

• Los Albergues de peregrinos de las Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago son el lugar de unión de los peregrinos. Los hospitaleros son los primeros que dan la bienvenida al peregrino al final de la etapa mientras éste intenta calmar su jadeo. Son testigos de conversaciones íntimas, momentos de risas y también de lloros (el dolor de las heridas…en ambos sentidos), de cenas compartidas entorno a una mesa.  A mí me han dado cobijo en cada uno de ellos. Y guardo especial cariño al del pueblo de Lezama por la estupenda cena improvisada y el concierto de guitalele posterior. Por todo ello, es imprescindible que sigamos donando lo que podamos los que transitamos por alguno de estos albergues para evitar su desaparición. En el Camino del Norte se está notando la falta de ellos.

• La mejor compañera de viaje que un peregrino puede llevar consigo es la bota. No las botas (que también). Sino una buen bota de vino! Los repechitos (que así llaman a las subidas) son bastantes, por no decir muy, pronunciados en el Norte. Una buena dosis de esta agua bendita será de gran ayuda. A mí ya no me cogerán sin ella.

• Ver el perfil de la etapa y pensar “No puedo. No puedo. Es imposible para mí”. Pues eso, sólo es eso…PENSA-MIENTO.

• Bañarme en el mar Cantábrico después de dos etapas durísimas ha sido reconfortante a la vez que provocador…las olas del Cantábrico producen un estado de locura de querer meterte más y más hondo. Después de los interminables 28 km de Irun a San Sebastian, o de sudar como nunca la bajada con fuerte desnivel a Deba, se agradece pegarse un baño en la costa guipuzcoana…y además con sol!

 

Mirador San Sebastian

• Hablando de tiempo…Creo que la fuerza de los peregrinos para desconvocar a las fuertes lluvias que venían prediciendo, causaron efecto! Excepto los dos últimos días con un poco de sirimiri (como me gusta la palabra), el resto con solazo y temperatura de unos 25º.

• Soñar en el Camino porque concilié el sueño con mis súper tapones anti-ronquidos (imprescindibles si no quieres desvelarte por las orquestas nocturnas!).

• Tres peregrinas (entre las que me encontraba yo) tuvimos la suerte de ser bendecidas con un bocadillo de panceta por amabilidad de un amable transeúnte. Y digo “suerte” o “bendecida” porque al menos yo, ese día no había previsto desayuno…y en el Camino del Norte los bares escasean.

• Aunque más bendecidos somos cuando tenemos manzanas, peras, moras y uvas que la Naturaleza nos ha ido ofreciendo en cada una de las etapas.

• Explicar a la amiga peregrina Yuri que viene desde Japón, la diferencia entre “hecho” y “echo” en pleno repechito. Aún me estoy riendo.

• No tiene precio el caminar bajo un manto de estrellas a las 6.30h y ver el amanecer en lo alto de la costa guipuzcoana.

Amanece en lo alto de la costa guipuzcuana

• La etapa de Getaria a Deba ofrece desviarse por el GR121 y hacer la ruta de los Flysch. Estuve tentada en coger ese desvío, pero decidí continuar haciendo el Camino de Santiago. Estuve refunfuñando durante 1 hora. Estaba sola. Pero descubrí uno de los paisajes más bellos que me ha ofrecido Euskadi (entre el pueblo de Elorriaga y Itziar). Sufrí con las subidas que ofrece la etapa pero disfruté muchísimo con el camino arbolado.

• A veces las señales indicativas del Camino pueden confundir. Lo mejor seguir a tu instinto…y sino seguro que la dirección correcta será hacia arriba.

• He coincidido con muchos deportistas de paso, y hay una cosa que me queda muy clara…los vascos son gacelas bajando estas montañas. Recuerdo la bajada al pueblo de Orio que iba yo con mis bastones, casi de lado, evitando el musgo alrededor de las piedras, y a paso de tortuga sacando la lengua para no desconcentrarme, y pasan dos chavales a velocidad de Flash sorteando las p#%& piedras como si nada, y en cuestión de segundos ya desaparecieron de mi vista. Quiero pensar que era porque ellos no llevaban los 10kg de mochila jijijiji.

• No soy cristiano-católica practicante pero no sé por qué cuando hago el Camino me da por entrar a las iglesias. Y asistir a la misa multitudinaria en la Basílica de Begoña en Bilbao (fin de mi Camino) fue, como en otras veces me ha pasado, casi una experiencia religiosa.

• Mientras haces el Camino, hablas con muchísima gente, y puedo constatar que no importa quién eres o con qué te identificas. Nadie me ha preguntado a qué me dedico o qué recorrido llevo en mi vida. Pero en cambio cobra más interés el cómo estás ahora. Luego ya cada uno cuenta lo que quiere, claro!

Peregrina catalana a su llegada a Bilbao

Sobre Bilbao…

Qué no decir sobre una ciudad que respira orgullo de ser de dónde se es (y ser vasco ¡claro está!). Me gusta, me encanta Bilbao. Es una ciudad que llegas caminando casi a todos los sitios del botxo (casco viejo, funicular, gran vía, estadio san mames, mercado La Ribera, Estación de trenes Abando…). Al ir sola, y sentarme en los taburetes de las barras del bar para el pintxo con la copita de txakolí, ha invitado a conversaciones con el servicio, con el de al lado, con el de la mesa de más allá, y si me descuido, con la señora que pasaba con el carrito de la compra. Son gente abierta y con ganas de sacar pecho cuando hablan de su tierra. ¡Sí, señor!

Hago mención especial al sitio que he vuelto dos veces en mi día y medio de visita a Bilbao y es el Azkuna Zentroa. Antiguo almacén de vino reconvertido en centro de ocio y cultura. Y Wikipedia se queda corta con la definición. Porque mi sensación ha sido más intensa. En su espacio de Mediateka he alucinado con la clasificación de todos los libros, revistas, periódicos…y la disposición de cada uno de ellos. Invita a quedarte largas horas leyendo, consultando, ojeando toda su colección. En los sillones de lectura, niños de no más de ocho años, leyendo tranquilamente y devorando libros uno tras otro.

Recomendación: Un buen sitio para comerse un helado artesano de chocolate blanco, o una lasagna casera de espinacas casera es la Heladaria Italiana ‘La Dolce Vitta’ de Bilbao. ¡Dejaréis a vuestro paladar sin palabras!

Por último, agradecer a todas las personas que han formado parte de este viaje:

A los peregrinos:

A Yuri, porque desde la superación conjunta de la primera etapa con ese choque de palmas, supe que se escondía una gran persona en ese cuerpo tan menudo;

• a Sara de Mallorca que iniciamos el Camino juntas sin conocernos y que al final nos dimos la oportunidad de hacerlo.  

• a Ana La Riojana, por acompañarme en todas las salidas de etapa, eres una máquina.

• a Ángel y Koldo, unos vascos de pura cepa que han traído locura y alegría –a partes iguales- con su bota de vino.

• a Higor que con tu corazón brasileño sacas la sonrisa a cualquiera.

• a Mayca y Domingo por esa tarde en Gernika, ¡sois muy grandes!.

• a Mamede, a Vero y a Juan.

• a Elena; a Xavier; a Miguel (el medio alemán medio español),

• a los tres extremeños;

• a Carlos (Asturiano, únicamente coincidimos para un café en Orio y oía tu nombre en los albergues. Espero que te encuentres bien).

• a Ana de Barcelona.

• a las hermanas de Huelva.

• a las gemelas y a su madre de Dinamarca, y a la pareja de amigos alemanes, que me han ido acompañado (sin ellos saberlo) en los momentos duros de las etapas.

• A Manolo y a Nacho, padre e hijo que compartieron los primeros 4 km de Camino por equivocación pero que fue un placer conocerles ya desde Irún…espero que estéis sanos y salvos haciendo el Camino Vasco.

• Finalmente, a los hospitaleros del albergue de Irún, del de Markina, Juanjo, y el de Lezama, José Luis, ya que nos habéis tratado como si fuéramos de vuestras familias.

Euskadi, Eskerrik Asko por enseñarme tanto.

Y a ti, lector…¡¡ gracias por llegar hasta aquí !!

Lo mejor de la Vida…¡caminarla!

Se despide una urbanita con alma de peregrina,

Christina

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