Lagos   ¡Saludos a todos! Somos Laura y Semi de Valencia y nos encanta viajar. Queremos compartir con vosotros nuestra experiencia en tierras asturianas. Esperamos que os guste. 

Dicen por ahí que lo que mal empieza mal acaba. Bueno, ya os digo yo que no siempre es así.

Llevábamos meses planeando nuestras vacaciones de verano que esta vez nos llevarían a Asturias, una de las autonomías más bonitas de toda España. Pues bien, nuestro viaje comenzó con un apoteósico retraso de tres horas y media en nuestro vuelo (y no, no era Ryanair) que nos permitió aprendernos de memoria el aeropuerto de Manises y pensar todo tipo de formas creativas de asesinar a las “simpáticas” empleadas de la compañía aérea.

Superado este primer escollo, y después de un vuelo sin más incidentes, aterrizamos en el aeropuerto de Asturias, situado en Avilés, justo a tiempo de ver cómo se marchaba el autobús que tendría que llevarnos a Oviedo, la ciudad que sería nuestra base de operaciones. ¡Eh! ¡Pero no pasa nada! ¡El próximo sólo va a tardar una hora!…

Cómo veis no es la mejor forma de empezar unas vacaciones; Más de cuatro horas de retrasos acumulados y una mala leche que iba “in crescendo” hacía presagiar un viajecito memorable pero por la parte negativa. Nada más lejos de la realidad. Por suerte ese fue el último de nuestros problemas.

Llegamos a Oviedo a la hora de comer y descubrimos que sin haberlo planeado habíamos cogido el hotel en una de las mejores zonas de la ciudad para comer y/o tomar algo; la calle Gascona (también conocida como “El bulevar de la sidra”). ¿Y que comer cuando vas a Asturias? Seguramente fabada sería lo más obvio. Pero en pleno Julio y con un calorazo terrible decidimos optar por otro platazo típico… el cachopo, un plato a base de carne y verduras, buenísimo y abundante. ¿Sabéis cuando os ponéis a cocinar pasta para dos y os sale para veinte? Pues el cachopo es un poco así, crees que podrás con él pero al final te das cuenta de que con lo que te va a sobrar podrían comer dos más como tú.

Oviedo nos encantó desde el primer momento. Es una ciudad pequeña, sin pretensiones, pero muy cuidada e impresionantemente limpia. Dedicamos la tarde a recorrer sus lugares más emblemáticos, cómo su pequeña catedral, la preciosa plaza del Fontán o la animada y modernista calle Uría. Tendríamos tiempo de recrearnos por allí, así que nos dedicamos a pasear y disfrutar en plan relax, ya que al día siguiente íbamos a andar lo nuestro.

Ovideo, calle Uria

Sugerencia:

En Gascona hay un montón de sitios para comer, pero si queréis buena comida y a buen precio tenéis que ir a “La competencia” y disfrutar de sus pizzas y tapas caseras.

Salimos bien temprano desde la estación de autobuses rumbo a Covadonga, uno de los objetivos principales del viaje. Covadonga es un santuario rodeado de montañas donde al parecer se libró una cruenta batalla que dio comienzo a la reconquista de la península. Es verdaderamente un lugar que quita el hipo por sus vistas impresionantes y la sensación de pertenecer a otro tiempo, a otra época donde las espadas mandaban y no eran turistas, sino guerreros, los que recorrían esos senderos. Pero no iba a ser esto, por increíble que parezca, lo más bonito que veríamos ese día.  

Sólo un poco más arriba, y tras una rato en autobús zigzagueando por angostas carreteras y esquivando vacas que saben que aquel paraje les pertenece, se llega a los lagos de Covadonga, un paraje natural como ya quedan pocos.  La visita consiste en una ruta de senderismo que atraviesa la antigua ruta minera y bordea ambos lagos; Naturaleza pura. Como dato curioso, si sois aficionados al ciclismo reconoceréis algunos tramos habituales en la Vuelta a España y muy probablemente encontréis en el asfalto restos de pintadas de ánimo a los ciclistas. En definitiva este es un paraje para vivirlo, y al que es difícil hacer justicia sobre el papel.

Covadonga

El día siguiente lo dedicamos a una visita mucho más urbana, la ciudad de Gijón. A simple vista se aprecia que Gijón es una ciudad volcada en el mar. Pasamos buena parte de la mañana perdidos por el pintoresco barrio de los pescadores y haciendo fotos en “El elogio del horizonte”, una enorme estatua de Chillida que, gustos a parte, resulta impresionante por su tamaño y ubicación. Rematamos la visita acercándonos a la universidad gijonesa “La laboral”, que probablemente sea una de las más pintorescas que se pueda visitar en España. En fin, día de recuperación después de la caminata en Covadonga y vuelta a Oviedo a preparar el siguiente día.

Gijon

Tocaba pueblecito pintoresco y no uno cualquiera. Ribadesella. Cogimos el tren diario que une Oviedo con Santander (sí, sólo un tren al día en pleno siglo XXI) y tras un par de horas de bosques y hórreos llegamos a una estación en mitad de la nada. Muuuucho más abajo se veía un encantador pueblo costero donde, sin exagerar, no había más de cuatro o cinco calles. Mientras bajas las empinadas cuestas sólo te cruza una idea por la cabeza, “Dios mío cuando tengamos que subir esto…”

Visitar Ribadesella y disfrutar de sus playas, su enorme río o su paseo marítimo son las actividades típicas de todo turista que allí llegue. ¿Pero quien ha dicho que somos los típicos turistas? Si os va la aventura y tenéis curiosidad por ver sitios irrepetibles, sin duda tenéis que visitar la cueva de Tito Bustillo. En ella se encuentran las segundas pinturas rupestres más importantes de la península, con la diferencia de que aquí están mucho menos castigadas que en Altamira. La visita es una auténtica pasada y los guías te hacen sentir como sería la vida allí dentro. También existe otra cueva anexa donde se pueden ver estalactitas, estalagmitas, coladas… pero el tiempo se nos echó encima, así que no pudimos entrar. El resto del día hicimos el turismo convencional del que os hablaba y, con mucha paciencia, “escalamos” el camino del vuelta a la estación.

Ribadesella

Consejo: Si vais a pasar mas de un dia en Ribadesella y os gusta la aventura, junto a las cuevas hay un par de empresas que organizan rutas a caballo, descensos en piragua y algunas actividades igualmente interesantes.

Último día de viaje. Bastante hechos polvo. Decidimos quedarnos en Oviedo y subir paseando al monte Naranco (sí, un poco masoquista) para visitar dos famosas construcciones que llevan en su falda desde el siglo IX. ¿Y sabéis qué? Mereció mucho la pena. Da gusto ver con que cariño han cuidado los ovetenses estos dos edificios y el enclave natural donde se encuentran. Y todo esto a un paseo de la ciudad. Se trata de dos recias iglesias de piedra que incluso se pueden visitar por dentro y que, para los amantes de la arquitectura o simplemente para los curiosos, son una visita casi obligada si se visita Oviedo.

Oviedo, Naranco

Y poco más. Vuelta al minúsculo aeropuerto de Avilés y, esta vez sin retrasos, regreso a casa. A volver a la rutina hasta el próximo viaje. Hasta la próxima vez que nos decidamos a perseguir el viento.

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