7/10/16
(escrito desde un tren cualquiera de Italia)

No puedo describir con palabras lo que acabo de sentir pisando Venecia por primera vez, en serio, ¿a quién pretendo engañar?. Me pongo a escribir desde el tren, camino a Bolonia, como si supiera que decir. Con la página aún en blanco, miro por la ventanilla y me doy cuenta de que apenas hemos recorrido unos metros por el famoso puente “Della Libertà”, echo la vista atrás y ahí está, en mitad del agua, radiante con el sol del atardecer bañándola en enormes destellos dorados. Me doy cuenta que empiezo a sentir algo que hacía muchísimo tiempo que no me pasaba estando de viaje, me he vuelto a enamorar de un lugar.

 

Me voy con esa sensación tan angustiosa de insuficiencia, sin poder quitarme de la cabeza las mismas preguntas una y otra vez:

  • “¿Habré hecho buenas fotos?”. 
  • “¿Habrán salido buenos planos para el vídeo?.
  • ¿Habré disfrutado lo suficiente?”.
  • “¿Habré estado a la altura?”.

Logro calmarme segundos después y me respondo a mi mismo “pues claro que no”. No he estado a la altura pero es que dudo que alguien jamás lo esté. La mayoría en cuanto nos alejamos unos kilómetros de Venecia ya estamos deseando volver. ¿La mayoría? yo creo que nos pasa a todos.

 

Y todo es porque Venecia enamora como los buenos músicos, en directo. Sin trampa ni cartón. Además, estoy seguro que engancha a todo el mundo con armas completamente diferentes. Volveré a casa y hablaré de Venecia con mis padres y amigos y aunque encontraremos muchas cosas en común, seguro que no nos habremos enamorado por lo mismo. Aunque esto último pasa un poco en todas las ciudades.

 

Yo pienso que no hay dos lugares iguales así como tampoco dos viajeros iguales. Para mi son como realidades paralelas, está la Venecia que has disfrutado tú y la Venecia que me ha atrapado a mí. Dos Venecias de aspecto similar pero a la vez tan diferentes. Seguro que para alguno de vosotros que ya haya estado todo esto que estáis leyendo os parezca una tremenda exageración. Y ahí reside la grandeza de perseguir el viento, que aunque vayamos todos a los mismos sitios, nunca jamás viviremos lo mismo.

 

El revisor del tren interrumpe mis reflexiones, un momento, voy a enseñarle el billete y estoy con vosotros de nuevo, os dejo un par de fotos mientras.

 

 

 

 Ya estoy, ¿por donde iba?. Ah sí, Venecia…

Y es que algo extremadamente curioso me ha ocurrido esta mañana y quería compartirlo con vosotros. Ha sido la única ciudad que ha logrado atraparme literalmente entre sus calles. Os cuento…

Llegué a Venecia hace dos días, esta vez no he encontrado “Couch” a tiempo así que me he alojado en un camping a las afueras de lo que yo llamo “la isla” (vamos, la auténtica Venecia). El camping se encuentra en una localidad llamada Marghera, en tierra firme. ¿Que por qué me he alojado tan lejos? Pues principalmente porque es muchísimo más económico que dormir en la isla. Me han dado un bungalow privado, muy chulo, por unos 25 euros la noche y el ambiente del lugar es genial, lleno de gente joven, mochileros, viajeros, hasta familias. Tienen un supermercado, una piscina (que lloviendo y a 13º pues como que no la he usado, obviamente) y un club donde poder tomarse una buena cerveza y relacionarse con los demás inquilinos. 

Pero sin duda el mejor servicio que tienen es que cada 30 minutos sale un autobús privado que en 10 minutos te lleva directamente a la isla, por el módico precio de 4 euros (ida y vuelta). Te deja en un punto excelente de la isla, disfrutas el día entero allí y luego a última hora pues vuelta a la puerta del camping. Con estos precios, más cómodo creo que es imposible.

El Camping se llama Village Jolly, podéis consultar aquí todos sus servicios y precios.

Una gran avenida

 El caso es que esta mañana tenía planeado levantarme pronto, hacer el check out, coger el autobús de las 9.30h, llegar a la isla, disfrutar por última vez de los canales venecianos, pasear tranquilamente por sus calles y salir desde la estación Santa Lucia (que está en la misma isla) sobre las 12h para llegar a Bolonia a la hora de comer. Parece el plan perfecto ¿verdad?. Con lo que no he contado ha sido que Venecia es como una sirena, te canta al oído, te hechiza y hace que te desorientes por sus callejuelas perdiendo completamente la noción del tiempo. 

Despierto del hechizo cerca de la Plaza San Marco, en la otra punta de la isla, muy lejos de la estación de trenes y sorpresa…son las 14h. Mi cara de asombro es todo un poema. Un par de turistas que tenía cerca de mí me miran preocupados por si me pasa algo grave. 

—”Are you ok?” —Me pregunta un amable señor de pelo blanco, mediana edad, nikon en mano. Parece de todo menos italiano. 

—”Yes…but…Venezia caught me”—Digo con cara de preocupación. El hombre se tranquiliza y ríe como si le acabara de contar un chiste. 

—”Hahaha, don’t worry son. Yo llevo viniendo durante años y a mí aún no me ha liberado. Pero espero que no lo haga nunca pues cada vez que vengo me hace tan feliz.”—Me responde el hombre (en inglés por supuesto).  

Sus maravillosos puentes - Persiguiendo el viento

La ropa interior de alguien - Persiguiendo el viento

Trabajadores en sus vehículos

Miro decidido Google Maps y viendo la distancia que hay hasta llegar a la estación saco valentía y pienso “bueno, seguro que llego al tren de las 15h. Tengo una hora para ir hasta allá”. Ay, pobre de mí. Lo que tenéis que tener claro cuando viajéis a Venecia es que el tiempo desaparece por arte de magia una vez te adentras en esa enorme enredadera de callejuelas.

La isla es como un auténtico laberinto, muy divertido por cierto, ya que si te lo tomas como un juego, sacas tus dotes de explorador y disfrutas de la ciudad como si tuvieras 11 años. Doblas una calle, giras una esquina, te topas con un canal que corta tu paso, tienes que volver hacia atrás, doblas otra esquina diferente, giras a la izquierda, cruzas un puente, llegas a una plaza con cinco posibles caminos en distintas direcciones “por aquí atajaré seguro”…MEC…error. Callejones sin salida, jardines secretos y ocultos de la vista de los turistas, canales llenos de góndolas que cortan el paso, callejuelas con tiendas artesanales de toda la vida, túneles oscuros, agua, puentes, más agua y sí, más puentes.

Tras treinta minutos caminando en círculos, pero siempre en dirección oeste, llego a una pequeña plaza donde hay una cafetería pegada a un canal. Otro rincón escondido de esta increíble ciudad. Me siento a tomar un café y mirando la hora, me doy cuenta de que es momento de tirar la toalla y darme por vencido. Venecia me tiene literalmente atrapado y no deja que me vaya. 

La cafetería

Un escaparate en Venecia

Me conecto al Wi-Fi y hablo con la chica que me espera en Florencia esa misma noche. “Creo que me voy a quedar una noche más aquí, te parecerá una locura pero Venecia no me deja irme”. Se lo comento también a mis padres que se ríen y me dicen que es normal, que ellos se quedarían mucho más tiempo sin dudarlo. 

Mientras busco de nuevo alojamiento en la misma isla (a ver si tengo más suerte esta vez), un gondolero aparece de la nada cantando por el canal. Todo es tan de cuento. Detiene la góndola, saluda con un “Buona sera” a la dueña de la pequeña cafetería en la que me encuentro y de un salto aterriza en el suelo empedrado para tomarse un delicioso macchiato antes de seguir de nuevo con su rutina. 

El único medio de transporte - Persiguiendo el viento

TIpico ParkingGondolero

Vuelvo de nuevo al móvil y a cada minuto que pasa mi frustración va en aumento. “No dejas que me vaya pero tampoco me pones fácil que me quede”. Los Hostels llenos y el resto son precios demasiado elevado o de nuevo, muy lejos de la isla. Ya está, decidido. Vuelvo a poner el Google Maps, me abrocho las mochilas y esta vez más concentrado, callejeo directo a la estación. 

De vuelta al tren

Son casi las 18h y estoy ya a una media hora de llegar a Bolonia y a 2 horas de llegar a Florencia. Creo que voy a dejar ya de escribir y ponerme a leer un rato. Sinceramente no sé como habrá quedado todo esto para el blog, ni siquiera sé si os gustará o si me he expresado bien. ¿Habré transmitido correctamente lo que he sentido?, ¿estará bien redactado?. Ya sabéis que no soy escritor, ni pretendo serlo.

Uf, ¿veis?. Preguntas y más preguntas debido a esa sensación de insuficiencia. Venecia es así y jamás estaremos a la altura…

Persiguiendo el viento en Venecia

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